6 de septiembre de 2011

Victorias pírricas

Pirro, Rey de la mala suerte
Península Itálica 280-275 a.d.C.



A principios del siglo III a. de C., el belicoso territorio del Epiro, al oeste de Grecia, era gobernado por Pirro, un rey guerrero en cuerpo y alma del que se decía que tenía el talante de Alejandro Magno y había heredado la fuerza de Aquiles.

Hoy, Pirro es considerado uno de los generales más sagaces de la Antigüedad, pero a él le corresponde también el dudoso honor de dar origen al término “victoria pírrica”. Y es que, para Pirro, sus triunfos distaban mucho de serlo. En 280 a. de C., los ciudadanos de Tarento, una antigua colonia griega del sur de la península Itálica, solicitaron ayuda a los epirotas, pues temían ser víctimas del expansionismo de Roma. Pirro vio la oportunidad de llevar su influencia al otro lado del Adriático y acudió con un formidable ejército de 20.000 infantes, 3.000 caballeros, 2.000 arqueros, 500 honderos y 20 elefantes de guerra.

La primera batalla importante tuvo lugar en Heraclea, al norte de Tarento. Aunque los elefantes atemorizaron a los 35.000 romanos que se les oponían, éstos se mantuvieron firmes. Aun así, y a un alto precio –7.000 bajas romanas por 4.000 epirotas–, se impusieron las huestes de Pirro. Un año más tarde, éste decidió asediar Asculum. Entonces, un contingente romano de 45.000 hombres intentó romper el sitio. En el enfrentamiento murieron 6.000 de ellos, pero también 3.000 epirotas.

Tras la retirada de los contendientes, un personaje del círculo de Pirro acudió a felicitarle por la victoria. Entonces, el estratega comentó: “sí, otra victoria y estamos perdidos”. De hecho, en 275 a. de C., en Beneventum, cerca de Nápoles, los del Epiro y sus aliados fracasaron estrepitosamente y poco después abandonaron la península Itálica.



Flandes, una larga guerra que no sirvió de nada
Países Bajos, 1567-1648


La guerra de Flandes, librada por España y sus aliados durante 81 años, fue un inútil intento de someter las provincias protestantes holandesas. Éstas, apoyadas en ocasiones por otras potencias, se habían rebelado contra la ocupación española que, entre otras cosas, había impuesto la Inquisición en aquel territorio.

El pobre resultado de este enfrentamiento convirtió las primeras victorias en pírricos triunfos. Así, la batalla de Ostende (1601-1604), en la que los ejércitos católicos perdieron hasta 70.000 hombres en los asaltos a la plaza, o la toma de Breda (1625), que sólo resistió 12 años en manos españolas, eclipsaron los éxitos iniciales del Duque de Alba.

Al final, toda la campaña acabó enquistándose y aquel ingente desperdicio de hombres y recursos se convirtió, en buena parte, en el responsable de la bancarrota en la que se sumió el Estado español en 1627.



Los héroes de Bunker Hill
EE.UU 17-6-1775



En los primeros compases de la Guerra de Independencia Americana se produjo un acontecimiento que convirtió aquella revolución en un conflicto muy real para los británicos.

No muy lejos de Boston, los rebeldes se habían hecho fuertes en Breed y Bunker Hill, dos promontorios donde se habían atrincherado a la espera de la acometida de los 2.000 soldados británicos que mandaba el general Howe. Tras realizar varias cargas sin éxito y bombardear toda la zona, los ingleses cargaron sus bayonetas y entraron en combate cerrado con los americanos. Fue entonces cuando los defensores, por entonces poco preparados para este tipo de enfrentamiento, fueron desalojados de sus posiciones, aunque a un elevado precio.

De hecho, la mayoría de las bajas entre los rebeldes se dieron cuando trataban de alejarse de las colinas. Eso sí, vendieron cara la derrota. Todos los altos mandos a excepción del propio Howe y un gran número de oficiales –en total 1.054 británicos– fueron alcanzados por disparos. Más de 800 soldados fueron heridos de consideración y 226 murieron.

Los americanos, en su mayoría granjeros dirigidos por comandantes veteranos de las guerras contra los franceses, perdieron 140 hombres y 30 fueron capturados. Tras constatar los problemas que había encontrado su ejército, considerado el más potente de la época, el general Thomas Gage, comandante en jefe de las tropas británicas en Norteamérica, no pudo sino hacerse eco de las palabras de Pirro: “Otra victoria así nos destruirá”.


Borodino, el fiasco de Napoleón
Rusia 5-9-1812


En su avance hacia Moscú, y después de haberse adentrado unos 1.000 kilómetros en el territorio enemigo, Napoleón se encontró con que los rusos, mandados por Kutuzov, se habían detenido en su retirada y habían logrado agrupar unos 120.000 hombres alrededor de tres colinas. En una de ellas, conocida como Gran Reducto, habían colocado 27 piezas de artillería.

Pese a la oposición, los franceses consiguieron tomarla y devastaron Borodino. Eso sí, a costa de numerosas bajas y, de hecho, no pudieron impedir que los rusos la retomaran poco después. Las pérdidas fueron enormes por ambas partes. Los rusos, tras una carga desesperada de los coraceros de Murat y de la infantería, y presionados por el martilleo constante de la artillería pesada francesa se retiraron.

La victoria de Napoleón tuvo un coste excesivo para los magros resultados que le reportó: perdió 43 generales, 110 coroneles y 30.000 soldados.Los rusos perdieron 60.000 hombres. Los mariscales de Napoleón criticaron la forma de dirigir la batalla y el fiasco que representó, ya que aquel enfrentamiento aumentó las bajas francesas que antes del combate ya ascendían a más de 150.000.

Pese a la debacle, Napoleón consiguió entrar en Moscú. Sin embargo, un impresionante incendio que devoró la ciudad poco después obligó a las tropas francesas a retirarse. Sólo 10.000 soldados del medio millón que iniciaron la campaña volvieron para contarlo. Quizá por ello, los historiadores de la antigua Unión Soviética consideraron Borodino una rotunda victoria rusa.


La inútil carnicería del Somme
Francia 1/7-18/11-1916


El 1 de julio de 1916, tras cinco días de feroces bombardeos, las divisiones de la infantería británica y francesa que esperaban en sus posiciones se lanzaron como una marea humana sobre las fuertemente atrincheradas líneas alemanas. Comenzaba así la batalla del Somme, una de las más sangrientas e inútiles de la historia.

En sólo unas horas, los británicos experimentaron la peor masacre conocida por su ejército: 57.450 bajas, de las que 20.000 fueron muertos. Durante las semanas que siguieron a esta carga suicida, los aliados lograron hacer pequeños avances, pero siempre a costa de numerosas pérdidas. De nada sirvió que el general Haig, al frente del contingente británico, dispusiera sus tanques en el campo de batalla.

En su primera intervención, el 15 de septiembre, sólo 18 de los 36 carros blindados con los que contaba funcionaron. Casi en seguida, la batalla degeneró en una lucha de desgaste y la ofensiva, cuyos objetivos eran alcanzar determinadas posiciones alemanas entre Arrás y Peronne, agotar las reservas alemanas y aliviar la posición de la ciudad fortificada de Verdún, fue paralizada el 18 de noviembre, con la llegada de las primeras nevadas. A cambio de escasos avances de no más de 12 kilómetros –en total unos 320 kilómetros cuadrados– los británicos tuvieron 420.000 bajas y los franceses unas 200.000. Se calcula que los alemanes perdieron en torno al medio millón de soldados.


Batalla de Jutlandia
Jutlandia 31-5-1916


A mediados de 1916, el férreo bloqueo británico obligó por fin a la marina alemana, que solía eludir a las fuerzas navales inglesas, a plantar cara. Las dos escuadras del Kaiser, una integrada por 5 cruceros pesados y otra por 16 acorazados nuevos y 8 viejos, contaban además con el apoyo de 11 cruceros ligeros y de 63 destructores. Por su parte, los ingleses disponían de dos formaciones compuestas por 80 destructores, 34 cruceros ligeros, 28 acorazados y 9 cruceros pesados.

Pese a la desproporción de fuerzas, los británicos perdieron durante la batalla 14 naves –entre ellas los 3 cruceros pesados– y tuvieron 6.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Los alemanes, dirigidos por los almirantes Scheer y Von Hipper, perdieron 10 naves y 3.000 hombres, pero lograron evitar el cerco que habían dispuesto los británicos. Al final, ambos contendientes volvieron a sus posiciones y se proclamaron vencedores. Eso sí, aunque fracasaran en su empeño de destruir la flota germana, los ingleses consiguieron cerrar el camino de Alemania al mar.


Market-Garden o un puente demasiado costoso
Holanda 16-9-1944


En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y tras conseguir desembarcar en Normandía e irrumpir en el continente, los ejércitos aliados tuvieron que detenerse en su avance hacia Berlín, pese a que ningún ejército alemán se les oponía. Una serie de errores en el reparto de suministros mantenía detenidas las columnas blindadas angloamericanas frente a las mismas puertas de Holanda.

Para solventar la situación y dar un impulso a la ofensiva, Bernard L. Montgomery, comandante en jefe de las tropas británicas del frente occidental, propuso un lanzamiento masivo de paracaidistas y tropas aerotransportadas. Su objetivo era conquistar cinco puentes sobre los canales y ríos holandeses. El general estadounidense Omar Bradley comentaría más tarde que se habría sorprendido menos de haber visto a Montgomery entrar borracho en el cuartel general aliado que escuchar de su boca aquel plan.

A pesar del enorme despliegue de medios –en el primer día participaron más de 35.000 soldados, 1.113 bombarderos, 1.240 cazas, 212 cazabombarderos, 500 planeadores y 1.073 naves de transporte– la operación fue completada en 6 días. En ese tiempo, los estadounidenses tomaron los puentes de Son, Vegel y Grave, pero fueron frenados en Nimega.

Por su parte, los británicos se lanzaron sobre el de Arnheim, donde les esperaba una feroz resistencia alemana. De los 10.000 británicos que participaron en aquel ataque –incluida una división polaca– sólo sobrevivieron unos 2.000. Y aunque al final tomaron Nimega, cuando los alemanes rechazaron la ofensiva sobre Arnheim, todo lo que ingleses y americanos habían logrado se reducía a un saliente de terreno que había costado 17.000 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos, es decir, un número superior al que se produjo durante el desembarco de Normandía.

Las pérdidas alemanas, bastante inferiores, oscilaron entre los 12.000 y 15.000 hombres. Parece que las víctimas civiles holandesas también fueron cuantiosas, sobre todo a consecuencia de las evacuaciones y del cruento invierno que sobrevino aquel año. Muchos fueron los críticos con Montgomery que, pese a contar con una fuerza nada desdeñable, achacó su pírrico éxito a la falta de medios. El Príncipe Bernardo de Holanda bien podía tener estos hechos en mente cuando manifestó que su país “no podía permitirse el lujo de otra victoria de Montgomery”.


FUENTE:
Muy Interesante.es
Wikipedia

1 comentarios:

Alejandro dijo...

Hola

Ya he puesto un enlace en mi blog (Historia y tecnología militar -alejandro-8.blogspot.com).

Saludos.