08 enero 2013

Con armas políticas, Sendero Luminoso vuelve a inquietar a los peruanos


Camarada "Artemio"



Veinte años atrás, enjaulado como un animal salvaje, con un traje a rayas de presidario y la mano en alto, Abimael Guzmán, el sanguinario líder del grupo terrorista Sendero Luminoso, advertía frente a las cámaras: "Unos piensan que [mi captura] es una gran derrota. Lo sueñan y les decimos sigan soñando. ¡Es simplemente un recodo, nada más!".

Tras la "captura del siglo", el 12 de septiembre de 1992, en la que Guzmán fue detenido en un operativo cinematográfico sin que se disparase un solo tiro, la organización guerrillera que dejó 69.000 muertos y aterrorizó a Perú durante la década del 80 se desarticuló casi por completo. Dos décadas más tarde, sin embargo, el fantasma de Sendero sobrevuela el país, infiltrándose en aulas universitarias, sindicatos y protestas sociales. Y aunque muchos aseguran que no existe, todos le temen.

"La lucha contra el terrorismo no pertenece aún al pasado. Actualmente, existen en Perú organizaciones ligadas al terrorismo, como Movadef", que tienen fuerte influencia en algunos sectores sociales, reconoció tres meses atrás el presidente Ollanta Humala.

"Durante años, el Estado ha venido cometiendo un error: dormirse en los laureles de capturas importantes [de líderes de Sendero Luminoso] y no combatir al resto de la organización", agregó.

Con 78 años y condenado a cadena perpetua, Guzmán sigue logrando que su prédica sea oída en Perú. Sólo que ahora, la estrategia es otra. "Derrotadas militarmente, las huestes senderistas intentan triunfar por la vía política. Y lo peligroso es que están logrando cierto respaldo social", explica a LA NACION el analista peruano Luis Benavente.

La organización guerrillera actúa hoy bajo el nombre de Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef), una suerte de brazo político del grupo, creado hace tres años, cuyo principal objetivo es conseguir la amnistía del maoísta Guzmán. El movimiento es liderado por Manuel Fajardo y Alfredo Crespo, antiguos compañeros de lucha y ex abogados del líder de Sendero. Sus campos de batalla y reclutamiento son las universidades, sindicatos y protestas sociales.

A comienzos de este año, la autoridad electoral rechazó su inscripción como partido. "Por ahora, Movadef es una fuerza política marginal, minoritaria. Pero es una fuerza muy activa, sobre todo en sectores juveniles", cuenta el analista peruano Santiago Pedraglio.

Según datos policiales, el movimiento cuenta con unos 2500 militantes, muchos de ellos terroristas excarcelados, que buscan irrumpir en un amplio abanico de grupos y protestas sociales, para radicalizarlos. El balance no les fue adverso: cuentan ya con numerosos cuadros organizados y están presentes en cuanto conflicto social asoma.

"Movadef no creó nuevas demandas sociales. Lo que hizo es aprovecharse de las ya existentes", dice a LA NACION el sociólogo Fernando Tuesta. La resurrección de Sendero, de hecho, ocurre en momentos en que las protestas sociales se multiplican en el país, organizadas por grupos cuyas demandas no encuentran respuesta en los partidos políticos.

En este marco, Benavente señala que "el giro a la derecha que hizo Humala -que ganó las elecciones con el respaldo de grupos de izquierda- dejó un amplio sector social huérfano, que busca un nuevo líder. Ese espacio intenta ocupar Movadef".

En un país donde las heridas que dejó el terrorismo aún sangran, el temor a un crecimiento político de este movimiento llevó al gobierno, en agosto, a proponer un polémico proyecto de ley de negacionismo, que plantea enviar a la cárcel a quienes nieguen o aprueben, como hace Movadef, la violencia terrorista.

También recorre los pasillos del Congreso otro proyecto que busca impedir que los condenados por terrorismo, 87% de los cuales ya han sido liberados, continúen enseñado en escuelas y universidades.

Se trata de distintas medidas de gobierno que persiguen un mismo fin: mantener a Movadef al margen del juego político legal.

Muy distinta, en cambio, es la lucha militar que lleva adelante el Estado contra la rama de Sendero Luminoso, que opera en una zona montañosa del sudeste del país, conocida como VRAE. "Cuando Guzmán fue capturado, llamó a sus seguidores a dejar las armas y muchos lo hicieron, salvo una facción que continuó operando y rompió toda relación con su líder. Esta columna no tiene nada que ver con Movadef, que vendría a ser una prolongación del senderismo clásico", concluye Pedraglio.

FUENTE:
La Nación.com.ar

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