21 noviembre 2012

Se renueva la disputa por el Golfo de Fonseca



En los últimos días se ha reavivado la disputa por el islote Conejo en el Golfo de Fonseca a partir de declaraciones hechas por el Secretario de Relaciones Exteriores hondureño, Arturo Corrales, a la prensa local. Básicamente, Corrales informaba que se había pedido ayuda al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de una carta enviada el pasado 24 de octubre para resolver las controversias en el Golfo de Fonseca con El Salvador y Nicaragua.

Corrales indicó que lo que se pretendía era revitalizar el proceso de delimitación marítima en el golfo de Fonseca. En su posición, el canciller reclamaba que El Salvador despacha una unidad guardacostas cada vez que una contraparte hondureña salía rumbo a la bocana del Golfo. Ante tal situación, dicen las fuentes hondureñas, se exige la ejecución total de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) del 11 de septiembre de 1992. La posición del gobierno hondureño es que la sentencia de la Corte Internacional establece derechos o proyección de espacios marítimos propios de los tres países hacia el océano Pacífico en la línea de cierre o bocana que se mide entre las costas de Nicaragua y El Salvador. El islote Conejo es crucial pues desde allí Honduras reclama su proyección marítima, alegando que el islote había sido concedido de acuerdo al fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 1992.

Por otro lado, algunas fuentes aclaran que la presencia hondureña en el islote no existía sino hasta que una presencia salvadoreña cesó durante el conflicto civil, y como resultado del accionar guerrillero. Consecuentemente no se disputaba la soberanía salvadoreña hasta que se abandonara su presencia en la misma. Por consiguiente, la disputa sobre el islote nunca fue parte del fallo internacional, pues no entraba en juego con los “bolsones”, o sea, los lugares territoriales en disputa, y de los cuales, efectivamente, el fallo de la Corte Internacional le otorgaría la mayoría de los mismos a Honduras.

No cabe duda que todo esto juega en la estrategia de refuerzo de la Fuerza Naval hondureña, una que se concede comenzó en enero, seguida de acuerdos en agosto, y aprobaciones en octubre, para terminar en la entrega de dos guardacostas nuevos Damen 4207 de 42 metros (137 pies) de eslora, y seis nuevos Damen Interceptors de 11 metros (36 pies), a partir del junio del 2013. Estos engrosaran la flotilla de otros 4 relativamente nuevos interceptores NorTech, de 13 metros (43 pies) de eslora entregados por los EEUU a partir del 2009. Pero el grueso de la flotilla naval se conforma de cuatro patrulleros de 32 metros (uno de 106 pies y tres de 105), uno de 25 mts (85 pies), y seis de 19 mts (65 pies), a los que se suman una buena cantidad de modelos menores, a incluirse un numero de interceptores Eduardoño reacondicionados con fondos del CARSI. La mayoría de naves principales han sido recuperadas y reacondicionadas en los últimos meses, invirtiéndose unos 500.000 en cada uno de ellos, o unos 130 millones de lempiras (6,6 millones de dólares) en los últimos tres años, según fuentes oficiales. Además se han adquirido en Magnum Base de San Pedro Sula lanchas Dragón, que son modelos deportivos RS-29 de 8,84 mts (29 pies) de eslora, modificados para tareas militares.

Por su parte, autoridades navales salvadoreñas indicarían a la prensa local que eran las embarcaciones hondureñas las que habrían intentado penetrar aguas territoriales nacionales. Claro, todo esto juega y explica algo de la sobrerreacción ejecutada por oficiales militares salvadoreños cuando se reportaba en defensa.com las condiciones materiales deplorables de la naval de ese país; sin embargo, exigir que se reporte solo lo lindo no constituye una estrategia acertada, ni una que tenga lógica. Debe de saberse lo negativo para usarlo como instrumento en la búsqueda de soluciones positivas. La flotilla de guardacostas salvadoreña es una pasada de años, y obsoleta, dependiente de tres modelos de 30 metros de eslora (100 pies), uno de 25 metros (82 pies), uno de 23,4 metros (77 pies), y uno de 19 metros (65 pies). La vida promedio de los botes es de los 35 años. Los programas antinarcóticos estadounidenses han sido bastante generosos, subministrando lanchas Boston Whaler (BW) Guardián de 6 metros (22 pies), SAFE Defender de 10 mts (33 pies) y BW370 Justice de 11 mts (37 pies).

En cuanto a los sistemas de armas navales, los ingenieros hondureños tienen el conocimiento como para recuperar/reciclar los cañones DEFA de 30mm, de los aviones SMB-2, a montajes apropiados navales. Honduras mantiene un arsenal de cañones de 20mm Mk-67 y 68, y morteros de 60mm y 81mm navales, al igual que la contraparte salvadoreña. Sin embargo, Honduras ha utilizado en el pasado sus patrulleras como cañoneras, con el acoplamiento de sistemas tres tubos de 20mm HS-630/M55A2, y de modelos bi-tubo de 20mm TCM-20; así también se recibieron los sistemas Kollmorgen de dirección de tiro junto con una torreta de control remoto con sistema estabilizado Gatling de cañón de 20mm, cosa que aseguraba el traqueo y alcance seguro contra un blanco de superficie hasta una distancia de las 3,2 kms (2 millas).



FUENTE:
Defensa.com

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