13 octubre 2011

Brasil desarrolla con éxito pruebas de calificación de su Vehículo Lanzador de Satélites



El Instituto de Aeronáutica y del Espacio de Brasil (IAE) ha llevado a cabo con éxito las pruebas de separación de los cuatro motores de la primera etapa de su Vehículo Lanzador de Satélites (VLS), según informó la Fuerza Aérea Brasileña (AEB). El ensayo simuló una situación que se producirá a unos 32 kilómetros de altitud, cuando el vehículo esté en vuelo.

La prueba tuvo lugar el sábado 29, en el Laboratorio de Integración de Propulsores del IAE, y contó con un equipo de 45 técnicos e ingenieros. El objetivo principal era la calificación del sistema de separación de la primera etapa.

Los datos recogidos serán analizados y utilizados como base para la comprensión de los fenómenos que ocurren en el vehículo durante esta fase importante del vuelo. En total, se realizaron 167 mediciones de choque mecánico, vibración cuasi-estática, deformación, presión, desplazamiento, simetría de separación, así como la cobertura fotográfica y de video (HD y alta velocidad).

Brasil retomó los ensayos del cuarto prototipo del VLS-1 en 2008. Se espera que el primer vuelo de pruebas completo tenga lugar en 2012. A partir de entonces, el lanzador podrá poner en órbita su primer satélite de fabricación nacional. El propulsor brasileño permitirá colocar en órbita un satélite de 115 kilogramos a una altura de 750 kilómetros.

Un triste comienzo

El programa de lanzadores brasileños atravesó dificultades desde sus inicios, especialmente tras el accidente del año 2003, que causó la muerte a 21 técnicos en el Centro de Lanzamientos de Alcántara (CLA). El programa ya había sufrido fallos anteriormente –en 1997 y 1999- pero nunca tan graves como éste último.

Aún así, durante los últimos años del siglo XX, Brasil se convirtió en un socio más de la Estación Espacial Internacional (ISS) y puso en marcha la formación de astronautas. Al mismo tiempo, comenzaba las maniobras encaminadas a la comercialización internacional de sus instalaciones de lanzamiento en el CLA.

Fue entonces cuando inició acuerdos con Estados Unidos para que satélites y lanzadores norteamericanos pudiesen operar con base en Alcántara. Para ello, antes tuvo que firmar un restrictivo acuerdo que prevenía cualquier posible transferencia de tecnología norteamericana a Brasil. El tratado, suscrito por el presidente Cardoso en 2000, originó fuertes debates en la sociedad brasileña, ya que prohibía a Brasil la utilización de los beneficios económicos logrados con el alquiler de su centro de lanzamiento para el desarrollo de un vehículo lanzador propio.

El acuerdo necesitaba el apoyo del Congreso para su ratificación, un proceso que se alargó hasta el relevo en la presidencia del país. Tras la toma de posesión del nuevo presidente, Lula da Silva, se decidió retirar este principio de acuerdo con los Estados Unidos.

Poco tiempo después se firmaría otro convenio de colaboración para el uso del CLA con Rusia y Ucrania; el acuerdo era mucho más equitativo, previéndose incluso la transferencia futura de tecnología rusa a Brasil para el desarrollo de motores cohete de propulsante líquido.

Entorno internacional desfavorable

Brasil presentó su programa de satélites por primera vez en 1979, con la propuesta de desarrollo del primer lanzador brasileño de satélites, el VLS-1. La puesta en marcha de este programa no fue nada fácil, y no sólo por las dificultades técnicas, sino por los obstáculos impuestos por la comunidad internacional, especialmente los Estados Unidos.

Liderados por los norteamericanos, los países firmantes de los tratados de no-proliferación nuclear vetaron todo tipo de asistencia técnica al programa espacial brasileño, incluido el embargo en la venta de los componentes más básicos, por considerar que el desarrollo de un vehículo lanzador podía ser utilizado como misil estratégico. Brasil decidió entonces convertirse también en uno de los países firmantes de los tratados de no proliferación nuclear, a la vez que pasaba el control de sus actividades espaciales al ámbito civil, de forma externa al Ministerio de Aeronáutica (militar), del que había dependido hasta entonces.

Tras estas acciones, el veto internacional se relajó ligeramente, pero nunca desapareció del todo. Por parte sobre todo de los Estados Unidos había una especial preocupación por no permitir la transferencia tecnológica, lo que en la práctica obligó a los técnicos brasileños a trabajar prácticamente solos en el logro de su objetivo.

Según algunos periodistas brasileños especializados, “muchos responsables del programa espacial brasileño aún no han perdonado a los Estados Unidos y otros países por haberles puesto la tarea tan difícil”.

El ministro de Defensa brasileño José Viegas lo expresó así en un discurso a principios de 2011: “El programa de cohetes de Brasil produce un gran descontento entre algunas poderosas naciones. Siempre ha existido una oposición internacional y unas restricciones muy fuertes hacia cualquier tipo de transferencia de tecnología hacia nuestro programa, y no olvidemos que Brasil ha tenido que desarrollar su cohete por sí solo, al encontrar unas tremendas dificultades incluso para comprar los componentes más básicos fuera del país”.

A pesar de las dificultades, las ambiciones espaciales de Brasil no terminan en el VLS-1. Otros planes que se han anunciado, incluyen el Vehículo Lanzador de Microsatélites (VLM) y el VLS-2, un desarrollo de lanzador medio capaz de llevar hasta 600 kg hasta una órbita de 1000 km de altura.


FUENTE:
Infoespacial.com

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